Ecos

Después del relato: un Barça postmoderno

15 septiembre , 2013

El parte del destrozo neonuñista es extenso. Tenemos a parte del vestuario cabreado por las no renovaciones de gente del cuerpo técnico que sólo se explican desde el sectarismo contra Guardiola. Tenemos a varios capitanes -puede que hablemos de un póker, pero dejémoslo en eso, en sólo varios- indignados con la directiva. Tenemos, según ha llegado a este agujero, a un Messi que le ha visto las orejas a Sandro y que ya le ha montado un total de tres duras escenas por no sentirse respetado… Con amenazas incluidas. Sigamos. Tenemos a Tata como completo novato, que merece toda nuestra confianza, pero falto aún de fuerza. Tenemos al mejor comunicador de todos los que hay ahí dentro, Zubizarreta, en una curiosa situación de interinaje. Y tenemos, para qué vamos a ocultarlo, un club que tiene a la inmensa mayoría de los grandes medios de la ciudad en el bolsillo -y esa ubicación no es metafórica-.

Ocurre también que los arquitectos de todas y cada una de las cuatro Champions alzadas por esta institución son insultados a cada ocasión por los actuales gestores del club: de hecho, se les ataca más a ellos, que en justicia deberían dar nombre al museo o a los goles del Qatar Stadium, que a ningún otro personaje del planeta fútbol. Ya puestos a bucear en la miseria, tenemos que creernos lo de los ocho millones en opciones preferenciales sobre jugadores ignotos y tragar con la opacidad de los números del fichaje de Neymar, y no mentar, so pena de acabar en un juzgado, el oscuro rombo Rosell-Teixeira-Qatar-Andorra.

Con este panorama, cuando se suceden los casos de Abidal y Mickeal uno ya no puede ocultar su vergüenza. Y nos asalta la vaga sensación de ser unos traidores: sabemos que deberíamos vibrar muy fuerte ante la inminente visita del Sevilla, y coger un enorme trozo de pan para mojarlo a fondo, porque la catástrofe en Florentinópolis se huele desde aquí… Pero no. No nos sale. Tal vez la culpa sea nuestra, por habernos acostumbrado a esa cursilería llamada relato, por haber adoptado la romántica convicción de que hay que ganar siendo los mejores, por tener la estúpida pretensión de que a cada victoria se defiende una idea del fútbol.

La verdad última que nos deja el verano, la certeza que nos queda de los 14 meses en que Rosell ha ejercido de presidente, es que el club ha perdido ese patrimonio llamado credibilidad. A cambio, tiene unas prioridades que a nosotros, al pueblo llano, se nos antojan incomprensibles. Nos hemos quedado solos, con nuestra gorrita del Barça y las ganas de pitar a Sabi Alonso.