Los nuestros

Las notas (I). ‘Tourists go home’

28 junio , 2017

 

Una buena forma de explicar la era Luis Enrique sería señalar que en su primer año, el equipo encajó 39 goles; en el segundo, 51; en el último, éste, 58. Años de incompetencia a la hora de fichar (Vermaelen, Mathieu, Aleix, Digne) y sobre todo la decisión de no traer gente para no incomodar a aquella cajonera polvorienta y de gran tonelaje que fue Puyol desde 2010 y a esta vitrina decimonónica y sin estantes llamada Mascherano nos han traído hasta aquí: de 39 y un triplete a 58 y una Copa. Para explicar qué ha ocurrido en esa defensa basta decir que nos hemos pasado el año envidiando a La Banda por tener alternativas como el tal Nacho o el amigo Pablo. Y la cosa es una pena, porque por primera vez, gracias a la formidable irrupción de Umtiti, hemos tenido una pareja de centrales que podía mirar de tú a tú a la del Mal. Pero entre una cosa y otra, siempre se nos acabó colando un incompetente en la zaga y bastaría decir que tiramos la Champions en Turín con Mathieu y Mascherano EN EL ONCE.

En estos tiempos de debates económicos, sociales y potencialmente xenófobos sobre la invasión guiri de Barcelona, desde este agujero queremos clamar un sonoro y violento tourists go home dirigido exclusivamenbte a los que vienen a robar, a jubilarse plácidamente, a intoxicarse el cuerpo y a hacernos creer que Barcelona es Liverpool. A la puta calle con ellos: nos han robado una Liga y media Champions.

Ter Stegen. 8. ‘Tita fora’. Uno se pregunta si Zamora, Ramallets, Sadurní o Zubi fueron alguna vez tan amados como nuestro teutón de hielo y fuego. A su talento, condiciones y palmarés, en esta 2016-17 nos dejó uno de nuestros mejores recuerdos de siempre en lo que a porteros se refiere: hablamos del escalofrío en la remontada de la que le hablaremos a Dios cuando nos lleve. Lo que hizo ahí Ivan Drago es cosa inédita en 40 años de ver porteros pasarlas putas en la propia área. Jamás vimos una acción así, menos aún después de aguantar, como confesó, que Luis Suárez le preguntara con los colmillos a un palmo de la yugular, que qué cojones hacía en el área rival. Y no sólo rebañó el balón, sino que lo hizo en dos toques perfectos. Cuando hablamos de la obra de Cruyff y del ADN Barça convendría acordarse de este surrealista momento de gloria. ¿Y por lo demás? Pues miren, hizo sus buebas cagadas -especialmente las salidas gallegas- y no dejó ningún milagro en la nefasta eliminatoria contra la Juve. Pero desde enero, no hubo un partido en que no dejara un milagro acojonante cada vez que se puso bajo palos. Eso y que es más chulo que todo y que además nos la suda todo porque es nuestro puto portero.

Cillessen. 8. Bombero. Estuvo bajo palos en el horror del Alavés en casa pero optó por no mandarlo todo a la mierda y cumplió como un profesional en Copa. De hecho, si hemos superado el trauma del Atleti en las eliminatorias ha sido gracias a sus milagros en la eliminatoria de Copa contra el gang de Simeone. Cillessen nos parece un bombero cojonudo: le suponemos una formidable vida sexual, trabaja poco y lo que hace, lo hace bien.

Masip. S/C. El número marcado no existe. La chica de la curva, el orgasmo múltiple, nuñistas a los que les gusta el fútbol. Nuestro mundo está poblado de montones de cosas que no existen. Y miren, nos gusta pensar que la posición de tercer portero del Barça es en realidad un cargo fantasma de un oscuro departamento ministerial donde se van sucediendo jetas y leyendas de la talla de Jesús Gil, El Pescaílla o el Dioni. Eso sí: son astutos y se ponen nombres como Arnau, Jorquera o Masip, porque mira si és bon noi.

Sergi Roberto. 8. Héroe. Ni el fútbol ni la vida son lugares perfectos. Su vecina preferiría morir a dejarse abordar en el ascensor, su curro no le interesa a nadie y esos pelos en la oreja no tienen pinta de ir a abandonarle. Sabemos eso: ¿por qué cojones íbamos a pedirle a Sergi Roberto que fuera perfecto? No lo haremos, y ni falta que le hace. Lo que tenemos con él es de primera novia, de tío que nunca más debería poder pagar una cerveza en toda su vida.

Este año tenía el reto monumental de hacer olvidar a Alves, tal vez el mejor de la historia en su puesto, de cerrar el paso a un especialista como Aleix Vidal. Lo logró sin haber jugado jamás de dos, sin ser un gran defensor, teniendo de su parte el orgullo, la zancada y un escudo en el pecho que ha respetado hasta en las noches en que cantó, como en el Pizjuán o París. Y lo logró en un año de duras complicaciones familiares.

Pocas acciones le definen tanto como jugador como esa enloquecida carrera en el 2-3 del Cuernabéu, dejando atrás a Modric y Marcelo. Pero para entonces, admitámoslo, ya casi nada importaba: las cinco sílabas de su nombre de futbolista irán por siempre jamás ligadas a ese 6-1 que fue de todos, a esa bota flotante y puesta a voleo que podía haber sido perfectamente cualquiera de las nuestras. Puede que alguien olvide el gol algún día, pero nadie olvidará jamás esto.

Aleix Vidal. 4. Novio a la fuga. Un tío rápido, con desborde y calidad debería triunfar siempre como lateral ofensivo. Si no lo hace, señal de que se encuentra sumido en un importante nivel de diarrea mental. Aleix Vidal, cuya triste lesión nos conmovió a todos, ha tirado otro año. Empezó dimitido, tuvo a bien casarse en plena competición y sólo ante rivales menores mostró de qué es capaz. El hombre acaba con cinco asistencias y dos goles (sólo Alba alcanza esos números) a pesar de haber jugado poco. Si nos tocara decidir a nosotros, ¿qué haríamos ahora? Mandarle a otra boda, a una muy remota y sin billete de vuelta. Porque enfrentarse a los ejércitos de Mordor es cosa seria y conviene tener a profesionales serios de nuestra parte. No importa qué fichemos: aquí somos Robertistas y siempre se puede tirar del B para un perfil más clásico.

Piqué. 9. Underwood. Que un central que juega lo que juega él -todo- acompañado de toies del nivel Barça haya fallado en menos de cinco goles en muy la hostia. A lamentar, que sólo ha triplicado a Iniesta en producción goleadora y que no pudo hacer nada para evitar el horror turinés.

De Piqué, lamentablemente, siempre hay que hablar de una cara B. Cuentan los que saben que se este año se ha dedicado a afianzar su peso en el vestuario pegando su culo a un tridente que bastante mandaba antes de que llegara el futuro heredero de la aplastante mayoría absoluta del nuñismo. No importa: que no le gusta entrenar y tiene alma de Underwood era cosa sabida. También lo es el hecho de que es uno de los tres mejores del planeta en su posición.

Mascherano. 0. Judas. El fútbol quiso que un día se rompiera el orto y sintiera en sus carnes lo que ha sido ser del Barça viéndole a él destrozando el fútbol semana tras semana durante tantos años. En este rincón de bilis siempre defendimos que un tío como él hace bien en el vestuario y mucho mal sobre el césped, con lo cual la obvia solución pasa por tenerle de suplente a todo tren. Pero amigos, entre lesiones, cambios de sistema y la feliz prejubilación de Mathieu, Mascherano ha acabado jugando mucho y apareciendo en todas las fotos. Lo que hizo en Turín, con esos regalos a Dybala y Chiellini… Si el pueblo azulgrana fuera serio, le situaría en la misma esfera donde tenemos a Figo, Tamudo, Duckadam y Arbeloa. Aquello fue la imposibilidad de jugar unas semifinales de Champions. Quedó también señalado en la decisiva noche de la vergüenza ante el Alavés, y cómo no, en otra acción que tenía el valor exacto de una Liga: el gol de Ramos en el Camp Nou. Él se pidió cubrir al Fernando Hierro de esta era, y él se trastabilló para dejar vendido a Ter Stegen. Decía un sabio que si tienes la desgracia de tener a un imbécil en el curro, lo mejor que puede pasarte es que sea un vago. Pues bien, se da exactamente el caso contrario. El hombre es responsable y así nos va. Puta calle, por favor, o cláusula del miedo con un tope de minutos jugados por temporada -37 nos parece un número prudente-.

PD. Cierto, un día marcó un gol: supo hasta mal ver el descojone colectivo, y fue una pena verle tirar por la borda el único registro por el que iba a ser recordado en las décadas venideras sin que mediasen insultos ni malsonancias.

Umtiti. 9. Anaconda. Napoleón, que más o menos era francés, dejó dos lecciones para el recuerdo: una, que a la batalla se va “meado, cagado y masturbado”. Todo hace pensar que nuestro 23 sobresale en todo ello. El emperador de Europa tenía también la costumbre de preguntar a sus candidatos a general si eran personas con suerte antes de decidir. Ocurre que Umtiti la tiene toda: miren las estadísticas (sólo Mascherano le ha superado en cagadas defensivas) pero el tío tenía la gracia de cagarla en días intrascendentes o en partidos que se acababan remontando. Siempre tíos con suerte. El hombre ha cerrado el año con un registro sideral: 25 veces titular, una derrota. Con razón nos ponemos como nos ponemos cuando le vemos aparecer en el once. Hay que admitir, pues que alguien atinó muy mucho cuando pensó en este bicho de abundante melanina y sonrisas escasas para jugar en el Barça. Para el año que viene sólo se puede pedir que no se lesione jamás y que siga celebrando los goles como lo hace: provoca fuertes, aunque discretas, erecciones, que nos hacen pensar, durante un ratito, que su anaconda es la nuestra.

Mathieu. 0. Bob Marley. La empanada que ha lucido este año el bueno de Mathieu es tal que cabría pensar que no es Ducados todo lo que reluce. Además de su horror ante el Alavés (un horror que costó una Liga) nunca ha estado cuando se le ha necesitado y ha sido calamidad tras calamidad, día tras día y calada tras calada. Siempre reiremos al recordar su leyenda, pero se larga un año demasiado tarde y con tantos horrores a sus espaldas que cuesta recordar que hubo una vez una semana en que nos dio una Liga con dos cabezazos consecutivos. Larga vida, lejos de aquí.

Jordi Alba. 5. ‘Not fast, not furious’. Un tío de su nivel, un tío que durante años minimizó a Marcelo, debería dar mucho más. Sospechamos, porque somos así y porque un día supimos lo que supimos, que Luis Enrique ha hecho muy santamente de apartarle, de picarle, de exigirle. Alba seguirá siendo siempre un tío indispensable siempre y cuando tenga más presente su cartilla de notas de primero de ESO y las collejas por metro y medio que se llevó en su barrio que su cuenta corriente y palmarés. Tiene que entender que el quinquerío que lleva dentro le convierten en un verdadero número uno, y que en cuanto se comporta como un hijo del mercat de Galvany, se convierte en un despropósito.

Pero seamos honestos. Entendemos la dificultad de que el hombre se mantenga humilde y hambriento. No olvidaremos jamás que fue él, este enano de L’Hospitalet, la persona en el planeta a quien La Bestia Parda le agradeció su gol 500 en el minuto 92 y en el Aberno.

Digne. 5. Mñé. Para lo nefasto que le imaginábamos, el hombre cumplió. Es un tío serio, que conoce su posición y que sale al campo con unos niveles de concentración superiores a los de un chimpancé en celo, con lo que supera a muchos de sus compañeros de línea. Aun así, no aporta ese plus que se supone que tiene que tener un fichaje extranjero de 16 millones de euros. Para tener a alguien así, preferimos mil veces antes un poco de guardiolina subiendo a laterales ignotos pero hambrientos del Barça B. Las estremecedoras imágenes del tío en el Bus Turístic acaban de convencernos de nuestra feliz terapia: go home, allez, allez.

3 Comentarios

  1. admin

    28 junio, 2017 at 22:56

    No les oigo vibrar. Con lo de Paulinho, digo.

    • Diego

      30 junio, 2017 at 7:59

      Somos más de Paulinha Rubio. Antológico lo de Masip.

  2. Rodaballo

    6 julio, 2017 at 10:59

    Podría compartir el 0 de Masche, pero jamás el sobrenombre de Judas. El Infame siempre será otro y Masche se halla muy lejos de lo que representa el otro. Por lo demás, vivas y oles. Esperamos más merca.