Combinaciones

El duelo de Busquets

29 abril , 2014

Ustedes ya vieron el partido. El Villarreal jugó más tenso y dominaba 2-0 a media hora para el final. El Barça siguió atacando por una extraña inercia, como un tentetieso sin fe. Dos rebotes afortunados le dan el empate. En el minuto 82 llega la jugada que define una trayectoria y embellece una temporada para el olvido. Un balón cae de las alturas hacia Uche, que no se ha dado cuenta de que antes de recibir ya tienen encima a Busquets, como un pulpo. Le ha envuelto con cuatro brazos y cuatro piernas sin tocarle un solo pelo; inevitablemente se lleva el balón para lanzarse hacia el área con el trote descoyuntado de un tío de 1,89. Justo entonces lanza una suave parábola por encima de cuatro defensas que Sex coloca para que Messi remache.  

Las cámaras le enfocan y ahí está, con la sonrisa dentuda y los índices al cielo. Es el mismo jugador largo y todo huesos que probablemente lleva tres días llorando. El mismo que hace hora y media ha acabado el minuto de silencio por Tito Vilanova con lágrimas en los ojos, el mismo que se ha secado con un gesto de niño y se ha puesto a perseguir una pelota en cuanto el árbitro ha pitado. Pero sin embargo, algo no encaja, la imagen del triunfo de Busquets no es completa. Hay una disonancia en ese momento heroico, como si las sombras y la luz se hubieran torpemente editado por ordenador, como si un censor hubiera eliminado a alguien del plano.

Sí, puede que sea eso. Si observan atentamente la imagen, verán que a Busquets le falta un adorno en el brazo izquierdo, una senyera,  algo que nos recuerde para siempre que esa camiseta esconde a un líder, al jugador que en un domingo nefasto derrotó al duelo. 

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