Champions

El niño del balcón

18 marzo , 2015

Ya vieron ustedes el recital de La Bestia Parda en aquel rincón de nuestra infancia llamado Ipurúa. Falló sus cuatro o cinco primeros regates, pero llegado el momento, se desató. Uno piensa en la buena gente que llevaba años colgada de esos balcones, pasando frío, sufriendo broncas domésticas y acumulando dioptrías para ver controles fallidos, despejes a la exosfera, delanteros hercúleos y barro en las cejas de los futbolistas.

Uno piensa en ellos e imagina cómo debió verse desde ahí, desde las alturas, la explosión de genio de nuestro Barrilete Cósmico. Uno imagina esa mancha naranja (sí, amigos, sólo existen siete colores y aquello era naranja) cambiando de ritmo y convirtiendo a Javi Lara en Anna Pavlova; esa velocidad total superando obstáculos, ese cometa enloquecido barriendo la banda pegado al balón. Jamás desde esos balcones verían nada similar. «Messi», se dirían, entendiendo la grandeza de ver en carne y hueso al genio del fútbol mundial.

Ahora, cuando llega el City y está en juego nuestra continuidad en la competición más grande del mundo, conviene acordarse de que al Eibar le ganamos con un gol de penalti y un córner bajo la lluvia, de que el fútbol es una cosa muy cruda. Ahora, cuando nos asalta nuestro yo ochentero y vislumbramos a un negro de 1,90 campando en la medular sin Busquets alguno que se le plante delante, ahora es cuando llega el vértigo. Y justo en este punto es cuando más conviene gozar, porque sólo con el vacío ante nosotros, puede aparecerser La Bestia para inmortalizar el momento, homenajear a todos los niños de todos los balcones, y susurrarnos cuatro palabras al oído: «No tengás miedo, huevón».

 

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