Los nuestros

El hombre del saco

15 septiembre , 2020

“And like a lot of dreams it had a monster at the end of it”

True Detective

-Al final vendrá papá y os cagaréis.

Y pasan los años y se repiten las amenazas y las actitudes no mejoran y la cosa se va pudriendo y el desastre ya sólo lo tapan los fuegos artificiales del 10. Y el temible papá que ha de venir un día ya no es papá, es el hombre del saco, y luego ya el yeti, la orca asesina, Drácula, el Leviatán, un kraken, Satán y ya en última instancia, Koeman.

La vida de los clubes tiene continuidad a lo largo de las décadas y las generaciones. Sólo muy de vez en cuando aparecen palurdos capaces de poner al Tata Martino a entrenar al primer equipo del Barça. Pero por lo general, hay gente que está en el bombo para asumir el cargo y gente que no, con un patrón sencillo: si has estado en el Barça y tienes una mínima ascendencia y reconocimiento, adelante. Por explicarlo fácil: que Guardiola sería entrenador algún día era obvio -si mandaban los buenos-. Que Xavi lo será algún día está descontado. Era lógico que de una generación mágica como el Dream Team, que bebió de las fuentes de Cruyff, surgieran un puñado de candidatos. Amor, Bakero, Eusebio… todos tenían números, como los tendrá Busquets en el futuro. Era lógico pensar también que si algún día nombraban a nuestro idolatrado Stoichkov como entrenador, señal de que estábamos en la más absoluta mierda. Esta historia acababa en un nombre: al final venía papá, y nos cagábamos todos.

Porque Ronald Koeman, muslos como lechones, encarna la mano dura, la segada, necesaria o no, la visión más cruda de aquel equipo único. Mandaba en corto y en largo, imprimía carácter, la ponía donde quería y raro fue que no rompiera jamás una red. Claro, después de su destrozo en Valencia (ganó la Copa y salvó la categoría de milagro) dejó ahí grandes amistades. Como Albelda. Como Cañizares. Como Joaquín. Uno se pregunta con qué dedos de cirujano engarzará el hombre del saco tantos talentos como los que tendrá a sus órdenes, tantos policampeones, cómo gestionará semejante crisol de vanidades. Uno se lo pregunta, y es Tigana el que responde:

No neguemos, no seamos palurdos, que la disciplina es un bien que hace avanzar a una tropa, especialmente si está compuesta de gandules y cojos. Sin un liderazgo fuerte seguramente era imposible avanzar, después de haber visto la triste descomposición de dos finos estilistas como Valverde y el pobre Setién. ¿Acaso creen ustedes que Cruyff era un entrenador a quien los futbolistas quisieran ver por la mañana? ¿Acaso no han oído hablar de los tríceps de Ten Cate? ¿Creen que la furia de Guardiola era un espectáculo apto para niños, Unicef y el Super3? ¿Les indica la mandíbula de Luis Enrique, sus gafas de sol de sociópata, que creyera en la paz y la concordia? Pues ellos son los que ganaron Champions.

En efecto, la agresividad, la violencia, tienen un valor real en un deporte de contacto. Si no creen en ello, pueden buscar a un ilustre boloñés llamado Gianluca Pagliuca y preguntarle.

Koeman está aquí. Mucho malo hemos hecho y seremos castigados por ello. En nuestras más salvajes libaciones podemos llegar a creer que la cosa pueda funcionar, en fin. Más importante será recordar que nuestra alianza con el Señor Oscuro sigue más vigente que nunca: “Todo nos da igual, que el equipo se hunda, que el vestuario se pudra y que el club arda, con tal de disfrutar hasta el último minuto de fútbol del Dios del Balón”. No olvidemos que el 10 que echaremos de menos el resto de nuestra larga y empobrecida vida juega aún, y lo hace para nosotros. Y eso vale más que ningún hombre del saco.

2 Comentarios

  1. César Balseyro

    17 septiembre, 2020 at 15:08

    Pues reitero mi asombro, Albert, ante tus excelencias literarias. Cuando parece que has llegado a tu cumbre, vuelves a superarte. Si no fuera porque no creo en esos espejismos de trascendencia de teologías imposibles, pensaría que eres la prueba viviente de que la reencarnación existe, pues el don de Shakespeare habita en tu cuerpo actual. Lo que, en cambio sí creo, es en la versión sublime apoteósica de lo que debe ser un Verdadero Detective ( First Season) y en su afirmación de que en la mayoría de nuestros relatos, al final suele aparecer el monstruo.
    Mi pregunta es, ¿no será que tú mismo puedes llegar a convertirte en ese monstruo? ¿Ahora ya nos dedicamos a tejer alianzas con las fuerzas oscuras? ¿Tan pronto hemos olvidado en qué bando estamos en la guerra que más importa? Entiendo que haga falta algún que otro “mara” en el equipo, por si a algún orangután contrario se le pasa por la cabeza quebrarle las piernas a Messi. Pero recurrir a ese farol de advertencia macarra, no significa que haya que convertir al vestuario culé en la “Chaqueta Metálica”, no la de Kubrick, sino la del Cholo Simeone, donde el boxeador que regrese al vestuario sin un cacho de oreja de su oponente entre sus dientes, no cuente con volver a entrar en la siguiente alineación. Entre otras cosas, porque esa lógica depredadora acaba asfixiando la creatividad de “los hijos de Cruyff”, y a algún marine se le acaban cruzando los cables y acaba disparando a todo lo que se mueve, incluyendo a ese relator que les animó a luchar con sus malas artes, creyéndose a salvo en su confortable trinchera cavernícola. No Albert, así no. No todo vale para ganar a cualquier precio El fin no justifica los medios. Esa consigna maquiavélica es una burda mentira que utilizan los políticos para justificar su pertenencia a entramados sistemáticamente corruptos. También aquellos que dicen pretender cambiar esa mierda desde dentro, cuando lo que buscan es montárselo y acaban siendo dueños de un casoplón custodiado por los guardianes del orden que pretendían derribar. También es el pretexto que les sirve a aquellos que dicen soñar con la independencia de su nación, para justificar no tener que lanzarse a una peligrosa confrontación, que jamás pensaron ejecutar. El fin no sólo no justifica los medios, sino que los medios pervierten el fin, se apoderan de él y lo acaban desvirtuando hasta pudrirlo por completo, convertido en una patética y retorcida sombra de lo que fue en su proyecto original.
    Tal vez lo que buscas con el látigo de Koeman es flagelar con cilicios que incorporan púas punzantes, las espaldas de tus ídolos envejecidos, ahora que has hecho añicos el contrato que te ligaba a ellos, esos que te defraudaron en los últimos partidos y pensaban jubilarse arrastrándose por el campo, y quieres verlos convertidos en penitentes, semejantes a esos sanguinolentos fanáticos filipinos, seguidores de un crucificado. Nunca se sabe lo suficiente sobre las oscuras tramas del inconsciente humano.
    De lo que sí se sabe, y mucho, porque se hace muy obvio, es hasta dónde llega el egoísmo del capricho infantil. Ya tienes tu juguetito, ya se ha convertido en realidad tu deseo de retener a tu Bestia Parda. Ya no podrán jugar con él otros niños ingleses, italianos o franceses. Ya es todo enterito para tí esta temporada ¿Y ahora qué, pequeño mamoncete egocéntrico? Ya tienes puesto en el tobillo de Leo ese grillete que le encadena al club, a través de esa inabordable cláusula de 700 millones. Como a esos esclavos procedentes de las colonias conquistadas por el imperio romano, forzados a convertirse en gladiadores de su circo.
    ¿Y eso es todo? ¿Ahí acaba la onda expansiva del terremoto que hemos vivido los culés este verano? Si no fuera porque te conozco lo suficiente, pensaría que sí. Pero como me consta que en tu interior albergas muchas otras bondades, me inclino a pensar que, en realidad, lo que intentas contarnos en tu artículo, como verdadero detective, es el rastro de un crimen ya cometido. Sólo que tus pistas aún no son concluyentes, y tu relato, necesariamente, permanece encriptado. Sabes que hay mucho nuñista rencoroso merodeando nervioso por los alrededores, y ya han demostrado sobradamente de qué majaderías son capaces.
    Lo que creo interpretar en tu artículo, es la denuncia de la nueva estrategia de Bartomeu y sus cómplices, para que el aparato nuñista vuelva a ganar las elecciones a esa poltrona blaugrana que creen de su propiedad. Al hombre del saco Koeman lo han traído para que cargue las pilas del vestuario, los ponga firmes y les haga entrenar y correr a quienes, ya entrados en años, no les apetece tanto como antes. Y para que a nuestro Messi, con la llegada de esa nueva e imponente autoridad se le bajen los humos de ser gran capitán y comandante en jefe de todos lo ejércitos blaugrana, y se olvide de meter las narices donde no le llaman en las estructuras de poder blaugrana, y se limite a hacer, como simple capitán en el campo, lo que sabe hacer mejor que ningún otro: jugar al fútbol y sólo al fútbol. Que siga siendo su dios allí, pero que no se le ocurra traspasar las líneas rojas de ese césped, porque fuera mandan otros dioses, los putos amos del cotarro. Con ello, debería bastar para que los resultados acompañen al Barça lo justo como para ser reelegido el continuismo nuñista, en Marzo, dando por hecho que ni la moción de censura, ni el Barça gate, van a levantar ninguna porquería de su mohosa alfombra.
    A este paso me voy a convertir en un exégeta especializado en interpretar lo que dices. A ver si la próxima vez hablas más claro, y no hace falta que, ni yo ni nadie, tengamos que descifrar tus palabras. Aunque tío, reconozco que lo del jeroglífico enigmático me mola.

    • César Balseyro

      19 septiembre, 2020 at 13:14

      Eso sí, como tengo mi propio criterio, no te hagas ilusiones creyendo que me voy a limitar a ese seguidismo exégeta. Hay unas palabras finales en tu artículo que merecen un comentario aparte. Y que exigen interpretar no ya lo que dicen, sino a quién las dice: “No olvidemos que el 10…juega aún, y lo hace por nosotros.”
      Desde que te decidiste a crear tu agujero digital, nunca ocultaste que una de tus principales motivaciones iba a ser loar las excelencias de tu Messi. Querías consagrar tu locura infantil blaugrana y tu poesía literaria a adorar a ese pequeñín, cual bardo trovador que canta sus gestas para que el resto de los mortales se entere de que nos ha nacido un nuevo dios. Tanto es así que el politeísmo del Olimpo griego pasó a convertirse para tí en el monoteísmo absoluto, del Hijo único. Para tí, sólo había un sol que cuando brillaba al mediodía hacía imposible poder ver a ninguna otra estrella en el firmamento futbolístico. Te convertiste en un auténtico fanático integrista de tu Bestia Parda. Y como ocurre con todas las creencias en una verdad absoluta, no se admiten matices, debates, ni claro oscuros que cuestionen su dogma. Por eso tu fe pasó por momentos de noche oscura, semejantes a las de aquellos místicos medievales, cuando el muy difundido episodio de tu Dios bajo acusación de fraude fiscal. Recuerdo aquél artículo tuyo que titulaste “Presuntos”, y los desgarradores conflictos internos que te provocó la posibilidad de que esa mancha oscureciera la luz de tu astro. Tu dilema te llevó a esta conclusión: no debo permitir que ese hecho perturbe mi fe. Como cuando el río suena, suele llevar agua, tengo que protegerme de cualquier mirada adulta que pretenda traer a mi mundo el barro de la cruda realidad. También recuerdo que te envié un WhatsApp con mi punto de vista. Pero como años después compruebo que los contenidos de mis palabras, te entraron por una oreja y salieron por la otra, sin dejar el más mínimo rastro en tu cerebro, y el asunto me sigue pareciendo serio, me veo obligado a reincidir, esta vez por el canal de tu web abierta al público. Soy consciente de que éste podría ser mi último comentario, pues podría provocar que hablaras con algún colega friki que te reconfigurara el blog para que sus propiedades no permitieran este tipo de réplicas tan extensas como hirientes. Te anticipo que es muy fácil hacerlo. Aún así, me tiro a esta piscina sin saber si hay agua o me voy a meter un buen hostión. Allá voy:
      Tu fe en Messi consiste en sentarlo en un trono de perfección ya consumada, que en consecuencia, no admite defectos. Todas las teologías se han diseñado para cubrir una carencia fundamental: para que todas las miserables aberraciones de la condición humana, toda la galería de horrores de crueldad sádica de esa dantesca gran snoof movie que ofrece la Dark web, puedan ser justificadas, y nuestra historia evolutiva pueda tener un sentido creativo. Si no descubrimos suficientes cualidades dentro de nosotros, valores creativos de nuestra propia cosecha que puedan equilibrar la balanza frente al peso de esos otros horrores, necesitamos inventarnos seres superiores en los que proyectamos nuestro ideal personal, ese que no sabemos descubrir y encarnar en nosotros mismos. Esa fe para algunos es un bastón que les sostiene en su cojera, pero que les obliga a esperar una vida mejor siempre más allá y después de morir, nunca aquí y ahora. Y por el camino, para mantener a salvo la perfección de ese Ser Supremo, debemos como criaturas, asumir la culpa de todas las cagadas que ha obrado ese Creador y que deberían considerarse como “defectos de su fábrica”. Por eso el cuento de la serpiente que envenena el Jardín del Edén, para demonizar nuestro anhelo de conocimiento y que jamás nos atrevamos a soñar que podemos llegar a ser como verdaderos dioses. Porque ese trono ya está ocupado y no debe ser desafiado. Modelo que sirve para perpetuar cualquier orden establecido y que nadie se atreva a remover a los amos de las poltronas. Así es como desde hace milenios, se fabrica a los borregos que van a dejarse llevar mansamente al matadero.
      ¿Y qué tiene que ver todo esto con tu fe en Messi? Tú necesitabas ver a tu ídolo perfecto en su pedestal, para seguir creyendo en él. Yo en cambio, no lo necesitaba. Era capaz de ver desde dónde había venido Desde su Rosario natal hasta la Masía. Las escasísimas probabilidades de que consiguiera salir de allí ileso, y no acabara integrado en bandas locales, apaleado o alcoholizado, que su enfermedad congénita de crecimiento hormonal no le convirtiera en un obeso, diabético, con múltiples trastornos cardiovasculares, con huesos de cristal e incluso paralítico, pero nunca apto para el fútbol, que los “cazatalentos” le descubrieran, que Minguella y Charly Rexach pudieran imponer su criterio ante los negacionistas de la junta, y sobre todo, que tuviera ese extraordinario don innato para jugar, un talento que le hace único y que pudo llegar a cultivar en este club, hasta dar todos los frutos que ha sido capaz de darnos. Esa historia, para mí, ya es suficientemente alucinante, pues en ella reconozco una buena estrella auténtica que ha sido capaz de brillar en él, y que si desde sus condiciones iniciales, hubiéramos tirado ese dado miles de millones de veces, nunca nos habría salido una trayectoria como la suya. Por eso no necesito auparle sobre ningún pedestal y puedo ver, tal cual, las limitaciones en su comportamiento fuera del campo, las que no consigue superar. Y no pasa nada, porque sigo viendo en él unas cualidades que me parecen la rehostia de valiosas.
      Por eso no necesito como tú creer que se ha quedado este año en el Barça por nosotros. Puedo ver que quería irse pero la encerrona de Bartomeu exigiendo la cláusula de los 700 millones, hizo imposible que ningún club se atreviera a asumir el riesgo de una sentencia que les acabará obligando a pagarla. ¿Y qué? Como no necesito montarme tu película, Albert, en cambio sí soy capaz de valorar algo que sí hizo Messi fuera del campo, y que a ti en cambio, verdadero detective, te ha pasado desapercibido : en sus declaraciones dejó muy claro que Bartomeu había faltado a su palabra, que tenía un trato con él de dejarle salir a final de temporada que no cumplió . ¿Y que está diciendo con ello el capitán del equipo? En su lenguaje dice que este club está regido por un presidente sin palabra, que es como llamar a alguien charlatán, fantasma, patético, alguien que no es de fiar, rastrero, que es capaz de venderte al mejor postor, que dice estos son mis principios, pero si no le convienen a usted tengo otros mejores, y que en definitiva, no es un buen tipo para regir el destino del Barça. En consecuencia, le está diciendo a los socios del Barça: ” Tíos, no sé a qué coño estáis esperando. No sé qué más tengo que deciros sobre este presidente para que reaccionéis, y ya mismo le echéis de ese cargo. Con moción de censura o, como dirías tú Albert , con tu verbo fácil, con goma 2. Pero sacarle ya de una puta vez”.
      Ya ves, querido amigo, al final me he convertido en exégeta de las palabras de nuestro Messi.

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