Fracasos

Las notas I: Que vuelva Jesús Gil

4 junio , 2024

Que vuelva, sí, para decirles lo que pensamos a la valiente tropa de toies que dicen ser el primer equipo del Barça mientras el Enemigo campa a sus anchas. Después de ser la mejor defensa de Europa en la 2022-23, nos hemos encontrado con un cristal de Bohemia digno de Pepe Reina bajo palos y cuatro Mascheranos en la zaga. Espanto, horror, y apocalipsis: de encajar 20 goles en toda la Liga para el triste y fundamental título del unocerismo de la pasada campaña, a encajar 44.

La falta de talento y convicción ha sido exagerada en todas las líneas, pero a uno le da que la más intensa vergüenza ha llegado viendo defender al equipo, a esta Mantequilla Mecánica que se ha fundido con el infecto De Jong usurpando la posición de Busquets. Verán a continuación que de los 11 fenómenos de la portería y la defensa, a penas aprueban cuatro, siendo dos de ellos completamente intrascendentes. Caiga tu espada sin filo, desespera y muere.

Permitan que hablemos con espíritu de concordia y el cap fred. Y a ellos les decimos: putísima e inmunda basura la defensa de la 23-24. Sinvergüenzas, vividores, titafredes y capsdecony. Más malos que un cáncer de sida, más infames que pegar a una madre con un calcetín sudado. Y sí, pueden unirse a nosotros y cagarse en la puta madre que parió al faraón de Troya y repasar qué hacían este colectivo de dropos mientras El Mal cabalgaba hacia una Liga baratísima y la tropecentésima Champions.

Ter Stegen. 4. ¿Oh, capitán? Miren que le echamos de menos durante su lesión, y miren que se hizo notar poco al volver. Ya entendemos que resulta imposible brillar bajo palos cuando te llegan tanto y tan claro, pero joder, Marc-André, de ti se esperan milagros, que aún vamos por los sitios diciendo que eres uno de los cinco mejores del mundo, y este año, marramiau, que no le paraste media al puto PSG.

Tampoco queremos disimular nuestra indignación ante la casa de barrets, el lupanar y putiferio que ha debido de ser ese vestuario durante la temporada para alcanzar cotas tan bajas de fútbol. Y uno esperaba más del único jugador -honor y gloria- que le dijo en su día a Messi y Suárez que o defendíamos con 10 y recuperábamos la cultura del esfuerzo, o todo se iría a la mierda. Igual nos habría ido bien que cogiera del pecho al superdotado del hermano de Pedri at some point. No olvidemos: hablamos del puto segundo capitán y del que más minutos ha lucido el brazalete.

Iñaki Peña. 4. UCD. Si el bueno no brilló, pues imaginen el malo. Quitando dos paradones imponentes ante el Atleti en uno de los pocos días de la temporada en que pudimos creer, ná de ná. Nos cuentan que a este cumplidor y buen chaval se le da por seguro reserva de Ter Stegen el año próximo. De acuerdo, OK. Pero si me lo pueden mandar 15 días a un tatuador, o apuntarlo a un Rosa dels Vents en una mara chunga salvadoreña, lo agradeceremos, qué anticarisma, quin peix bullit, valiente exponente de la UCD de Suárez.

Koundé. 3. Mortadelo. Lo perpetrado por el bueno de Jules de noviembre a enero ya es historia de la infamia deportiva en este club plagado de defensores de vergüenza. Mascheranos y Puyoles, Barjuanes y Gabris, todos se colaron en el baúl de los disfraces de Koundé para regalarnos un trimestre que nos inhabilitó para aspirar a la Liga. La ejecución de la Champions se la debemos a Araujo, sí, pero el hundimiento liguero, en fin, qué escándalo, teniendo en cuenta lo bueno que es y cómo lo demostró a partir de la primavera. Luego está eso otro: Jules, no nos hace puta gracia, Jules, que pareces subnormal.

No cal dir que Koundé es intocable en el eje o en la banda para el año que viene; cuando decidió ponerse a jugar demostró que es un defensa de primer nivel. Su marcaje a Mbappé fue ejemplar y cierra el año con 35 partidos de Liga y 47 en total: hablamos de un intocable.

Cancelo. 3. Bajona. En un equipo con tan poco talento, te llega un lateral que ha sido digno de Guardiola, un pavo capaz de tirar caños pisados, y es agua en el desierto. Pero ay, algunas drogas ya lo tienen, que primero es todo arriba, arriba, y golitos a inicio de temporada, y qué bueno, qué ambición, y luego llega el abajo, abajo, la depresión y los dolores del alma y esa inmenso pozo de culpa, y Dembélé haciéndole de todo y penaltis absurdos y segundos palos no cubiertos y cagadas sin fin. Ay, Joao, qué recuerdos nos dejas, de noches alegres, mañanas de dolor y larguísima vergüenza. Queda la duda de si hay que quedárselo, y por supuesto que convendría consultar a Deco, perdón, a Mendes, cómo lo ve, aunque el crudo análisis que podemos hacer del pájaro es que no mejora a Koundé por la derecha ni a Balde por la izquierda.

Héctor Fort. 5. Cumplidor. Buenos muslos, poca gilipollez y los sabios de la Masia le ven posibilidades. En la reconstrucción que ha de venir necesitaremos gente seria para entrar en las rotaciones. La duda, una duda rzonable, es si será mejor que un tal Mingueza que ya trotó esa banda cuando estábamos en el año 1 de la travesía por los Monegros.

Araujo. 0. Verdugo. Pasarán los años y la infame secuencia de Araujo ante el PSG, con su pase fallado, su no recuperar posición y su arrebato judoca para conjurar el peligro se mantendrán en el panteón de las infamias de esta santa casa; y no me vengan con que el chaval no pensaba que el árbitro fuera a echarle, con lo que nos aprecia la UEFA. Y conviene recordar, en esta semana de pudor de peus en el búnquer, que si no fuera por los vigores excesivos de este mozo, podríamos perfectamente haber llegado a la final de Wembley para hacer el bien en la más alta forma que concibe el planeta. Por lo demás, su temporada fue una puta mierda, con máscara y sin máscara, y compitió con Koundé para ver quién era más nefasto. Sí, ganó el uruguayo que mete pases con el interior desde la frontal de su área que salen por encima del larguero del portero rival.

Ay, Araujo, un tío honrado, trabajador y buena gente, que se las apañó para jugar 37 partidos a pesar de su frágil musculatura, nos jodió el primer gran arranque de entusiasmo colectivo que hemos vivido en este lustro de masticar arena. Y no les mentiré: por supuestísimo que nos lo quedaríamos, pero es que nos dan 70, 80 millones por él, qué locura, que el fútbol es de los buenos y en esta casa, clarísimo está, falta calidad y sobran cuádriceps.

Christensen. 8. Líder. En tremendo equipo de incompetentes, titafredes y vividores, un puñado de tíos han estado a la altura de un escudo de un equipo llamado Barça. Uno de ellos es Christensen. Sumidos en la desesperación del naufragio de De Fraud y Romeu le pusimos en la posición del sumo sacerdote del centro del campo. Y con poco aspaviento, sentido común y calidad, se asentó ahí en el tramo clave de la temporada, cuando llegamos a creer. Acaba el año con 42 partidos disputados, tres goles (ojo, en los campos del PSG, El Mal, y el Girona) y dos asistencias. Poca gente puede decir con más argumentos que se ha ganado la continuidad y la renovación.

Cubarí. 9,5. Káiser. Puede que hablemos de la irrupción más espectacular en lustros. El partido de Cubarsí ante el Nápoles de esa bestia llamada Osimhen nos alargó la vida. Juega el balón primorosamente, que uno no sabe si desde Koeman habíamos visto pases largos tan malintencionados, si desde Guardiola habíamos visto a alguien superar líneas con esa facilidad, con un simple escorzo de cadera y con el interior del pie derecho. El PSG de Luis Enrique nos desnudó en la vuelta poniendo a Mbappé sobre Cubarsí y eso ya habla de la importancia del bigardet de 17 años.

No disimulen, empero. Algunos de ustedes, les conozco, preferirían a Yerri Mina, a una bestia sanguinaria, a un carnicero, y tienen un nombre en la punta de la lengua, el de Eric Garcia, presto para increpar a Koebarsí. Les diré cómo lo vemos: tíos como Eric siempre deberían tener sitio en el Barça, con más o menos protagonismo, pero las carreras hacia atrás que le vimos ganar a Cubarsí contra bestias de todo pelaje le convierten en una criatura diferente. Cubarsí ataca como debería atacar el Barça y defiende como deberían haberlo hecho las legiones de centrales inútiles y vigorosos que han manchado la historia del Barça.

Después del añito de mierda que nos hemos comido, si no estamos desayunándonos cada mañana con boles de Smacks y Prozac es en gran medida por los 24 partidos que nos ha regalado este fenómeno, por la codiciosa satisfacción de tenerlo entre nosotros por muchos lustros.

Íñigo Martínez. 5. Superado. Íñigo es un tremendo defensa central y le hemos durante años, lástima es que haya decidido no demostrarlo de azulgrana. Después de múltiples lesiones, cierra la temporada con sólo 25 partidos, y eso que el nivel exhibido por Araujo y Koundé durante largos meses era para poner a cualquiera antes que a ellos. En la ida contra el Nápoles hizo el pardillo en un gol de los que no se pueden conceder en la elite y cuando Koebarsí le atropelló no pudimos sino aplaudir con las orejas. Para añadir pena a su temporada, conviene recordar que a la pobre criatura, guapo com és, le ha tocado ver de lejos la botadura de la trainera del Bilbao.

Su mejor acción de la temporada llegó fuera de la ciudad deportiva, poniendo en su sitio a un criptobró.

Baldé. 3. Espantoso. Suerte ha tenido de librarse del tramo final de campaña: la lesión le ha permitido colarse, increíblemente, en los onces iniciales de la próxima campaña. Tela marinera el horror perpetrado en los meses que jugó, donde no le salía una y donde su exhuberante velocidad no sólo no le ayudaba, sino que hacía más visibles sus carencias. Esperamos de corazón que estemos hablando de la clásica crisis del segundo año, porque esas piernas nacieron para volar por la banda del Barça. Su único momento digno llegó contra un equipo de leñadores y uno espera, de corazón, que la tremebunda inseguridad que ha exhibido en la 2023-24 no asome ya jamás.

Marcos Alonso. 0. Mangui. 389 minutos en una temporada, repartidos en ocho partiditos. Nuestro homenaje desde aquí a la cleptomanía de pequeño formato, a la sustracción de monedas del monedero de la abuela. Claramente se le podía pedir más a un tío que es campeón de Europa en un año en que los niños necesitaban algo de guía y el equipo andaba falto de personalidad. Tremenda multitud de nadies la que acudirá conmovida a despedirle al aeropuerto.

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