Bandoleros

El tiempo de la infamia

24 diciembre , 2016

Lo que se suponía que sería el breve y miserable año del orco ha resultado no ser un error ni un accidente: era sólo una pequeña etapa de la edad de la vergüenza que vivimos. Ya ven: en el último cuatrienio, época feliz en que hemos asistido a una parte principal del colosal monumento de Messi al fútbol, un vulgar rematador ha logrado tres Balones de Oro.

Y uno podría decir que estos premios no valen para nada, que la verdad la vemos todos dos veces por semana, uno podría hacer como con los Lewandowski y afrontar el asunto con la sonrisa condescendiente que se dedica en los asilos a ese señor mayor dotado de suficiente fuerza de voluntad y precisión de movimientos como para robar yogures a sus coetáneos. Pero entonces uno recuerda a Cruyff, con sus tres galardones, o a Platini, a tantos astros infinitamente superiores al fraude de Madeira que en este ránking están condenados a mirarle desde abajo. La sonrisa no basta.

Conviene pensarlo bien. Resulta significativo que esta catarata de premios a Cristiano, que este escandaloso fraude deportivo, se haya producido en un momento en que la civilización pugna desesperadamente por volver a la cueva, a los árboles. Ahí están Trump y Putin dominando el universo, y lo bueno que quedaba en Siria embarcándose a la desesperada para sufrir, en el mejor de los casos, el maltrato de Europa. Ahí está esa agitación sísmica universal que parece haber decidido que es la hora de los villanos.

¿Y el fútbol? El fútbol es un reflejo de nuestra era, un espejo asilvestrado que en estos tiempos de postverdad e infamia ha decidido entronizar a un tío que no es ninguno de los cinco mejores de su Liga -ni de su ciudad, ni por supuesto tampoco de su equipo- a la condición de mejor jugador del planeta tres de los últimos cuatro años. En este tiempo nunca jamás, ni un día, estuvo cerca de poder imitar la magia del mejor futbolista de nuestros días, de alguien que ya sólo compite con los dioses de siempre.

No tengan ninguna duda de que los futboleros futuros se asombrarán de la barbarie que campó en la época del florentinato, en la los tiempos del imperio de Jorge Mendes, de sus simpáticos mangantes magnates asiáticos. No tengan duda de que se asombrarán de que en pleno 2016 el deporte más grande del planeta produjera montañas de corrupción de esta magnitud tan impune y evidente, que incluyen desde los mundiales de Rusia y Qatar hasta el arrinconamiento de la figura del mejor representante de este futuro.

Que no digan, al menos, que callamos. Que quede constancia que de Cristiano decíamos que era el Enron del balón, un planetario y chapucero aficionado al tocomocho, una musculada, ególatra y chillona metáfora de la mierda que nos tocó vivir. No descarten que en unos años a esta era de latrocinio se la conozca como El Tiempo de la Infamia.

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