Copa del rey

Autopsia (y III). Un final con grandeza

20 abril , 2018

Jugar una final supone un cosquilleo, una distensión intestinal y un turbulento insomnio que difícilmente se pasa con los años. Andrés Iniesta, nuestro Iniesta, el hombre que no pudo dormir después del alarido de Stamford Bridge, está a punto de vivir un partido decisivo por última vez. Su última noche, con el brazalete, con el ocho, con su piel cetrina, su extendida alopecia, sus canas, su mirada de muñeco de desván y ese rostro de quien ha vivido demasiado.

El Barça se juega este sábado el más roñoso de los títulos, el menos querido, el más incómodo, la matraca del mes de enero que nos deja tiesos cada primavera. Pero ahí estamos: en una final, de azulgrana y con un capitán que refracta la luz. Con la posibilidad de certificar, es un consuelo, nuestra hegemonía arrolladora en el país de La Banda, un equipo que luce el blanco y se dice real por los borbones. La jugaremos con un Luis Suárez que lleva cuatro años aquí y podría ganarla por cuarta vez (nota al pie: Raúl González, cero títulos; Fernando Hierro, un título; Sergio Ramos, dos títulos). Eso como colofón al monólogo asombroso en el campeonato de Liga durante la última década.

Y ha querido la vida, que es así y hace prisioneros, que esto nos llegue cuando la libertad de expresión llega a cotas turcas, cuando la Santa Patria del Íbex y de la Constitución Que Nos Dimos enseña en Catalunya su más genuino rostro franquista y cuando el Borbón que da nombre a la competición ha tenido a bien recordar que hay dos millones de tíos a los que considera siervos, subhumanos, parias y apóstatas. Y claro, está el cosquilleo, la distensión intestinal y el turbulento insomnio pero justo allí, bajo el magma más profundo, en algún lado, alguna arteria empieza a bombear y por momentos nuestro pequeño ganchito evoca un yunque. Hay una final, se juega en la capital del Imperio, en presencia de Darth Vader.

Hay una final y será el último gran día de esta asociación mitológica que han conformado El Ángel Exterminador y La Bestia Parda.

¿Estamos pidiendo, pues un 6-0 a este Sevilla hipercompetitivo que ya no es el que fue? ¿Estamos pidiendo otro trofeo en un museo que se llama Núñez? ¿Necesitamos un nuevo póster con ese jolgorio del confeti azul y grana con unas gradas semivacías de fondo?

No, amigos. Somos el Barça. Nunca hemos exigido resultados, pero sí algo de grandeza, un mínimo respeto a la estética, ánimo de tener el balón y de arriesgarnos a hacer lo que otros ni sueñan. Verán, incluso en estos días de llorar a todas horas y de maldecir nuestra vida, de la eliminación de Roma nos parece más vergonzoso el cómo que el qué. Porque uno puede fracasar, pero comprendan que en este minúsculo reducto de nuestra existencia, en este espacio de infancia que nos queda, nos negamos a pensar como oficininistas.

Este sábado hay una final y más que nunca, por ser la última, la táctica es fácil: balones a Iniesta. Que el mundo recuerde que se puede ganar al Barça, pero no parecerse a él.

One Comment

  1. admin

    20 abril, 2018 at 21:35

    Y venga todos amunt els cors, que se viene la quincena de nuestra vida en que más habremos querido a Thiago Alcántara. UBER ALLES!