Actitud

2019, Punk

13 enero , 2019

Es picar el tió, comer la uva, sufrir los ataques de nostalgia kitsch de estas fechas y mira por dónde, acordarnos de que nuestro intrascendente paso por este mundo es cosa de cuatro días. ¿Cuántos polvorones nos quedan por comer? ¿Cuántas noches de Reyes envolviendo mierdas? ¿Cuántas veces más en la vida veremos a Messi jugar? ¿Cuántas finales de Champions con el Barça implicado nos depara el destino? Vaya por dios, la dieta hiporcalórica de estos días ha servido para recordarnos de que la vida iba en serio y de la noche a la mañana nos descubrimos, no jodas, sí jodo, cabreados con Valverde.

A los que Cruyff nos hizo la valiente putada de darnos un paladar fino para el fútbol nos hemos tenido que acostumbrar a vivir en permanente tensión con los entrenadores: ellos se juegan el puesto, el curro y la paz del vestuario, y son a menudo cicateros, cobardes, capaces de poner al Barça en 2018 a hacer el 4-4-2, capaces de reclamar perfiles físicos para el centro del campo, analfabetos hasta el punto de convertir nuestra maquinaria de precisión del mediocampo en un correcalles donde el único objetivo es hacer llegar el balón a los tres animales de arriba.

Por eso la tensión aficionado-entrenador rara vez ha desaparecido. Pasó incluso en las mejores épocas del Dream Team (qué palo cuando Cruyff ponía a Koeman y se cargaba a alguno de los tres cracks de arriba), de Rijkaard (qué cojones le vería todo el mundo al paquete inmundo de Gabri, al puto Van Bommel) e incluso de Guardiola (ni Mascherano, ni Keita, ni niñas de los ojos, ni mierdas: malos de cojones y nos recordaban que nuestros días en el mundo eran finitos). Con lo cual, así hemos vuelto de vacaciones: cabreados con el bondadoso, pacífico, educado y fotográfico Valverde, que considera lógico rotar a Arthur, que juega a lo nuestro, con Vidal, que practica el vale tudo, con la excusa del punto de forma.

Lo cierto es que el Barça lleva esta temporada a penas tres grandes partidos (La Banda, la Bandita, Totthenham) y es urgente que nuestro entrenador entienda que nosotros no vemos el fútbol para cobrar otro año ni para renovar ningún puto contrato. Sólo queremos disfrutar, acordarnos de por qué es mejor ser del Barça que del Burgos. Pero el hombre se niega a entenderlo; ha caído en nuestro club un señor de los que piensa en su entrada en wikipedia, en renovar otro año, en adquirir tal cartel al salir de aquí que pueda aspirar a los curros de Unai Emery ya pasando de los Olympiakos de la vida. Y mire, no nos interesa el asunto. Queremos gozarlo. Queremos ser el Barça cada día, y más en la era Messi. Y sí, el propósito de año nuevo es dar por el culo a quien nos lo impida con la excusa de su cuenta corriente o de las malas caras de no sé qué destacado miembro de alguna mara chunga.

Nuestras ganas de quemar cosas (¿no es maravillosa, la ignición?) se han multiplicado viendo los repetidos casos de censura que han sufrido últimamente cinco matados con talento llamados La Sotana. Primero con un cariñoso villancico dedicado al presidente Bartomeu, un señor que al día siguiente de dejar el Barça prou en tindrà con llevar su empresa y dedicarse a su defensa jurídica por los años de atropellos de la mano de Rosell. Aquel día, cierto, ya no podrá censurar mierdas, porque es de suponer que los abogados se los pagará él y que no tendrá la todopoderosa arma que es el Barça a la hora de dar licencias de productos, facilitar información, poner publicidad, adjudicar contratos, ofrecer empleos y practicar lo que viene siendo el ejercicio de someter medios. El humor de La Sotana ha pagado un precio (ha perdido un programa en una tele pública) por practicar el humor de mal gusto. ¿Qué otra cosa es aceptable? ¿Se han dado una vuelta por su barrio, han mirado lo que ocurre en su familia? No podemos ser más lamentables como sociedad. En verdad, uno se pregunta cómo es posible que hayamos podido bajar de los árboles o dejado de sufrir el derecho de pernada con dosis tan formidables de mediocridad e inquina.

El fútbol seguirá siendo un búnker ante la sordidez de la vida. El fútbol es para los niños que no le temen a romper un cristal. En 2019 vamos a gritar y si la cerilla prende, a quemar cosas. No hemos venido al mundo a practicar el misionero los sábados por la noche en las lunas de cuarto creciente de los años bisiestos. Y con esta peña they aren’t human beings que manda en todas las esferas de nuestro mundo there’s no future.

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