Actitud

Una final impostada

5 abril , 2019

Jornada 31 y si el Barça gana o contiene a su principal rival, se acabó. Es un guión que en la última década se ha dado, se ha repetido, ha llegado a aburrirnos. La Liga mide al más sólido, al más resistente, y cuando llega el episidio decisivo, casi parece delito cuestionarse que ése no sea el conjunto que tiene a La Bestia Parda.

En la última década década, el Barça ha dejado pocas migas en el mantel. Tras un trienio de fútbol insuperable, cedió una Liga a La Banda: Sex hacía maldades en la caseta, Guardiola y Messi ya se miraban con hartazgo, nadie podie imaginar un día más saliendo a ahoga rivales en su propia área. Tampoco ganó el Barça con el Tata: aunque la Liga se fuera por un solo gol, es innegable que entonces la gente de Godín y Simeone mostró más hambre, como lo es que el equipo azulgrana vivió un año de pesadilla mientras veía cómo la vida de Tito Vilanova se apagaba. Y se escapó también la Liga 2016-2017, esa temporada en que Morata, James, Isco y Asensio se rieron de Arda, André Gomes y el resto de la peña triste, un año en que el título se escapó por detalles como la imbécil falta de Turan en el minuto 93 en el Clásico del Camp Nou o las multicalamidades de Mascherano, fue el año en que La Bestia marcó en el Bernabéu en el descuento sin que aquello valiera más que un alarido para el recuerdo.

Pero olviden el viaje por nuestras escasas y comprensibles flaquezas. No es ése el aspecto que tiene este Barça ahora. Durante muchas jornadas ha estado poco brillante y rutinario, obligado a administrar los sobreesfuerzos de su veterano once, pero ha exhibido competitividad y vergüenza torera para acompañar a un Messi que tal vez sea el mejor que hemos conocido. Y eso incluye partidos como el de Villarreal, partidos en que se produce un brutal acto de voluntad -me resisto, me niego, no voy a perder- y se rescata un punto inverosímil, un punto que deja el rival buscando con la mirada perdioda qué dioses le han gafado, que convence a los oponentes de que no vale la pena cuestionar al ejército de La Bestia Parda.

Es en el Camp Nou y será a 90 minutos, contra esa maravilla llamada Griezmann, esa misma que nos escupió con tan alegre frivolidad y ante las cámaras, contra ese opresivo y enloquecedor bosque de piernas que montará el Cholo. Uno lo mira de lejos, revisa la clasificación, lo que queda, y vuelve a mirar las camisetas número 1, 20, 3, 15, 18, 5, 4, 8, 10, 9 y 7 y comprende que la del sábado es una final ficticia, de una emoción impostada. No sólo es el Barça el mejor equipo. En lo que era más difícil, ha sido el que más lo ha querido. Y por eso, por proezas como la de Villarreal, la conclusión del drama ya está escrita.