Champions

De Charlton al ping-pong

10 abril , 2019

En Wimbledon reina una mezcla peculiar de tediosa petulancia, autobombo y autopromoción incansables.

David Foster Wallace, El tenis como experiencia religiosa

Hay un United que puebla las leyendas del fútbol antiguo, de los barrizales, de aquellos choques europeos donde sólo faltan metralletas, alambradas, trincheras y una ambulancia asistiendo a ese formidable delantero con la cabeza vendada. Es el United de la tragedia aérea de los Busby Babes, del calzón negro y la zamarra roja, de las etílicas y violentas rivalidades con el Liverpool. El de ese semidiós llamado Cantona, el de Cole y Yorke y Giggs y Scholes.

Es un equipo, un club, al que uno respeta tanto que no le sale el insulto barato por esa mierda de nomenclatura que usa, mitad Coelho, mitad tronista con la EGB: Los Diablos Rojos, el Teatro de los Sueños, Sir Alex Ferguson… Miren, se nos hace bola. Pero perdonamos, decíamos.

Lo que igual no perdonamos tanto es este engendro en que ha devenido el Manchester United. Un equipo con su historia, en manos de dos magnates analfabetos futbolísticos que no saben a qué huele un peto sucio, no saben qué es un rondo, no han entendido que Beckham era un fraude king size. Es el United una movida menor; miras el once y huele a ínfulas, a dinero, a BMW blanco. Son una gente que creyó en Mourinho, por el amor de Dios: todo el mundo sabe que hasta el fin de los tiempos semejante catedral futbolística debería tener por entrenador a un técnico escocés con la nariz sospechosamente enrojecida.

Lo imperdonable se convierte en insulto cuando te explican que el United ha sido durante lustros el club con más aficionados del planeta. La cosa empeora cuando te enteras de que en ingresos televisivos nadie les tosía. Y rascas un poco (no se entiende, a pesar de su épica seguimos hablando de un equipo de fases de ésas de han-vuelto-a-repartir-anfetas-en-el-manicomio, contragolpes fulgurantes y negrazos imponentes) y te cuentan que es que el United lo peta en Estados Unidos y en Asia.

Y eso sí que no.

En Estados Unidos, David Villa (este David Villa) era dios. Y el bisabuelo de Rooney es dios. Y si Fradera quisiera, sería jugador franquicia HOY. Los aficionados no saben jugar. No entienden nada. Ningún criterio, la masa analfabeta. Y Asia, ay Asia. POTENCIA MUNDIAL DEL PING-PONG Y EL BÁDMINTON, EL BÁDMINTON DE MIERDA DE LA PLUMITA AQUELLA. Y es este fenómeno de futboleros de nyigui-nyogui el que ha aupado al United a una situación de dominio económico que nadie podría explicar por lo que hace en el campo. En la última década, tres Premiers (la última en 2013), una FA Cup, y una Carling. En Europa, una UEFA, el señorito no se encuentra.

Les habrán contado, y habrán escuchado con atención, que con Solskjaer el equipo parece otro, que Pogba ya no es el mayor fraude de la galaxia, que son muy sólidos, que meten miedo. Bien. En este rincón infecto donde ya predijimos que arrasaríamos a la Roma se nos antoja tropezar les decimos que del United sólo tenemos que aprender lecciones de cómo un monumento al fútbol se puede convertir en una mierda por abandonar los principios. Pero sobre el campo, sobre el campo juega el Barça. Sobre el campo, La Bestia tiene una misión.

2 Comentarios

  1. admin

    10 abril, 2019 at 13:14

    Si vuelvo a cagarla serán ustedes indemnizadas.

  2. Thc

    13 abril, 2019 at 21:26

    Ets molt gran…

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