Éxitos

Uy, sí, la Liga

28 abril , 2019

Igual les consta que anoche ganamos un algo. Una copa fue entregada, voló la purpurina, hubo vuelta de honor, y una formidable cantidad de menores que nunca habrán de trabajar correteó sobre el césped. Ah, amigos, la vieja liturgia de la gloria del guerrero que vuelve a la aldea con la cabeza del enemigo en un saco y es recibido con fogatas, gritos bárbaros y coreografías del Kama-sutra ha dejado paso a una nueva era: la era de la sopeta, el pare nostre, un glopet de ratafia ara que no mira el nen i a fer nones.

Y sin embargo, una Liga ha sido conquistada. Exactamente el mismo vellocino de oro de 1974, idéntico unicornio rosa al del año 85, el multiorgasmo in extremis del cruyffismo, la emoción del regreso al primer mundo que nos trajeron Ronaldinho y Eto’o. Pero igual han sido demasiadas últimamente y el músculo de la euforia culé padece ya una distensión crónica que impide ciertos excesos. En cualquier caso: la de la temporada 2018-19 habrá de ser recordada por ser la décima de Messi, por el 5-1 al Mal en un partido sin La Bestia, por las memorables actuaciones del ya capitán en Sevilla, por un aire de superioridad respecto a Madrí y Atleti que hace ya tiempo que superó la fase insulto para convertirse en mortadelo. También el torneo en que nos hinchamos a culminar remontadas asombrosas, verdaderos actos de voluntad como la locura de Villarreal.

Celebremos la Liga, por dios: la vida es lo que pasa 38 jornadas al año. La Liga es la competición que retrató con mayor precisión la relación de jerarquía que se establece entre Messi y Cristiano. La vida no es la verbena de San Juan, ni el cumpleaños aquel del día que tu mejor amigo cumplió 25, ni la despedida de soltero que empezó en un McDonald’s al lado de Calafell. La Liga es todo aquello que es verdadero, y es ahí donde conviene ser el mejor.

No quisiéramos acabar sin una severa admonición.

Si les cuesta alegrarse sinceramente por el hecho de ganar una Liga, preocúpense: su vida sexual ha sido demasiado fecunda y se les viene claramente encima una gonorrea mala, seguida de un mal divorcio y una sequía etíope. Y su mejor amigui está a punto de pillar con una deidad de la contorsión. Será a ellos a quien les pueda decir, con esa amargura del rigor mortis, «Uy, sí, follar».

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