Clásico

El Dios del Fútbol (VII): Caiga mi venganza sobre ti

7 noviembre , 2021

La partícula cero culer es el odio a La Banda. En el primer llanto, cuando no sabes qué especie animal eres ni en qué planeta habitas, el parasimpático nos sitúa con un sencillo y cosmológico odiarás el blanco. Conviene recordarlo para explicar por qué nuestro estadio, también ahora, cuando del luto hemos pasado a la frialdad y la incipiente sospecha, debe llevar por los siglos de los siglos el nombre de Leo Messi.

Si hubiera que resumir en un partido qué pensamos del Madrí, qué supone para nuestro pueblo esa máquina generadora de fealdad, inquina y de todo aquello que combatimos, debemos viajar al 24 de abril del 2017. No hubo goleadas, aquel día, ni humillaciones cósmicas, ni rondos en todo el campo que deberían haber enterrado para siempre al Equipo del Generalísimo si conociera tal cosa como la vergüenza. Pero ese post Sant Jordi del 2017 es un día icónico, un día en que nos cobramos una bíblica venganza sobre esa turba violenta, y caiga tu espada sin filo.

En el minuto 11, Pelemiro ya ha visto la amarilla por segar por detrás al Dios del Fútbol después de un regate en el centro del campo. En el 19, Marcelo se olvida un codo que le abre el labio a Messi. La ocurrencia de Marcelo -no se llega a capitán de La Banda sin ciertos tributos a su historia- propiciará algunas escenas icónicas y probará que uno se puede mear a media zaga blanca, marcar, celebrar y reclamar córners pegado a una gasa.

Fue de esa guisa como el Barça remontó y se puso 1-2. Con ese marcador, Ramos quiso recordar al mundo que en la vida de Messi ningún jugador llevó a cabo más atentados contra la integridad personal del genio. La proeza le costó la roja al destraler de Camas. Pero ay, aquella era La Banda de Zizou, el equipo con más potra que haya pisado este planeta y James empataría ya superado el minuto 80.

Era el 92 cuando tras casi 100 años de competir en Liga, el Madrí ve cómo pierde en el descuento un partido en casa. Lo ocurrido es una de las nanas que cantaremos a nuestras hijas en nuestras noches tiernas.

Messi, un futbolista austero en sus celebraciones, se regaló ese día uno de los pósters de su vida. Para entender el exceso había que echar la vista atrás. La Bestia Parda fue durante 15 años la principal víctima del juego sucio madridista, un juego sucio que se desarrolló por una parte sobre el césped y por la otra en el relato público.

Así, el del póster es el jugador que había sobrevivido a los codazos de Marcelo, las entradas por detrás de Pelemiro y a las multiagresiones de Ramos aquella tarde, pero también el que bailó sobre Pepe, Carvalho, Xabi Alonso, Arbeloa, Khedira, Salgado y todo el cártel de Sinaloa del mourinhismo todo. Porque si en el cenit de su carrera Messi convierte cada actuación en el Bernabéu en actos de exaltación barcelonista es en parte porque lleva toda una vida sufriendo los tacos de una legión de mercenarios y porque fue el objeto obsesivo del equipo más sucio que se ha conocido en el fútbol en color.

Pero es que sufrió también la Triple Alianza de Florentino, Mendes y Nike, que cruzaron orcos y trasgos para forjar un rival a quien situar a su altura y tras múltiples intentos fallidos dieron con el iracundo Cristiano, un futbolista menor a quien se debió comparar con Lewandowsky, Benzema, Ibra o Suárez, pero a quien los artífices de la campaña situaron por encima de La Bestia Parda. Fue así como Messi, comparado con Pelé y Maradona, se vio en la balanza con un jugador que estuvo una década sin hacer un regate y empujando balones a la red. Ni siquiera, ya era poco pedir, era aquél el mejor Ronaldo que hemos visto, sino la versión currante del genio brasileño. Sí, era todo mentira, pero qué más da: se hinchó la trola -quién sabe si un día alguien ganará el Pulitzer contando los pormenores del asunto- con un puñado de Balones de Oro; Messi tragó y tragó y así acabó convertido en el más furibundo y borracho culer que haya en un bar en los días de Clásico.

Puede que no haya un Messi más puro -partícula cero- que el que destrozó al madridismo partido tras partido durante 16 años, hasta alcanzar los 26 goles, 26, en Clásicos. Es esa Bestia la que poblará por siempre las peores pesadillas del madridismo.

Y en nuestras noches de más melancolía, recordaremos cómo se batió ante las Puertas Negras de Mordor.

4 Comentarios

  1. admin

    7 noviembre, 2021 at 17:08

    Ayer nos empataron en la última del partido y tiramos el segundo tiempo. Sí a todo. Pero amics, el Nico.

  2. Barrendero, a quien no se le caen los anillos

    8 noviembre, 2021 at 12:53

    ¿Y ya está? ¿dos raquíticos rengloncillos lisos, ni siquiera retorcidos, para describir la actual tragedia blaugrana, mientras te empeñas en seguir narrando la grandeza de aquél que decidió abandonarnos cuando, para no sucumbir ante el Mal y nuestros males, le necesitábamos junto a nosotros más que nunca? Ay, Albert, hace muchos años que te conozco lo suficiente como para saber que eres terco como una mula. Así que tu obcecación me la veía venir. Como todo en la vida tiene su lado positivo, no te rindes y perseveras hasta alcanzar tu objetivo, y negativo, no te caes del burro ni aunque lo veas exhausto, sin aliento, y le sigues arreando hasta que el pobre acaba reventao y espatarrao contigo sobre sus lomos.
    A ver amic, ¡ cómo quieres que te lo cuente para que me entiendas y entres en razón!. Existe un don que se llama talento literario, y que yo nunca te he negado, más bien lo admiro. Pero conviene acompañarlo con otro que se define como el don de la oportunidad. Si uno va al hospital a visitar a un pariente que yace en un coma inducido, si te sientad junto a su cama y empiezas a relatarle las hazañas que se pueden lograr poseyendo un hiperpoderoso anillo, lo que no puedes pretender es que ese muerto viviente, que a duras penas sigue respirando, conecte con la magia del relato que intentas transmitirle.
    Te pongo otro ejemplo. Imagina que el país de nuestras entrañas, el de esa proximidad que nos vió nacer, está en guerra con unos sanguinarios vikingos modernos, más bestias y mejor armados que nosotros, que se han propuesto invadirnos, saquearnos ,violarnos e incendiar nuestras casas. Y tú y yo, ante la urgencia del asunto, sacamos fuerzas de nuestra flaca cobardía habitual, nos envalentonamos el uno al otro con la épica de nuestros respectivos relatos y nos vamos animosos a luchar al frente. Una vez allí, como nuestro escuálido ejército no cuenta con bombas de racimo ni de pulso electromagnético capaz de achicharrar en unos segundos la electrónica de una megaciudad, no nos queda otra que mantener el tipo en las trincheras de toda la vida. Allí nos encontramos con otros dos combatientes que también luchan a favor de nuestra causa. Solo que ellos no lo hacen por amor al arte y a nuestras familias en apuros, sino como mercenarios extranjeros, muy bien pagados. Ya en guerras pasadas nos sacaron muchas veces las castañas del fuego, ayudándonos no sólo a no ser invadidos, sino a obtener victorias asombrosas. Pero en ésta la cosa se pone fea, Uno de ellos hace un par de llamaditas a un jeque petrodólar y le pide que mueva los hilos para sacarle a tiempo de lo que para nuestro bando tiene pinta de acabar en derrota y carnicería. Vamos que decide salvar su culo , siguiendo la lógica del ancestral instinto de supervivencia.. Y el otro, que no está tan bien conectado, siguió luchando con nosotros. La pregunta es: tú como trovador que intenta animar a la tropa cuando su moral está por los suelos, mientras siguen cayendo los obuses cada vez más cerca de nuestras narices, ¿te pondrías a homenajear al que decidió abandonarnos, rememorando las grandes gestas que obró en guerras anteriores, o esperarías un momento menos angustioso, para agradecer sus maravillosos servicios prestados, una vez nuestro equipo hubiera salido de ese lúgubre hoyo, y entretanto tratarías de acompañar con la épica de tu relato a los aún vivos, que siguen ahí al pie del cañón? Puede que no haga falta que te lo diga, pero por si acaso: esos dos mercenarios eran Messi y Koeman. El primero nos dió lo imposible de olvidar, y que algún día estaremos en condiciones de valorar como merece. Pero ¡NO AHORA!, ni por la patética situación de nuestro Barça actual, ni por su cagada final, tirando a las nubes su penalti decisivo, cuando lo que estaba en juego no era una Champions orejuda en nuestras vitrinas, sino nada menos que nuestra supervivencia como Club. Por eso alguien como Xavi, que además de cobrar un buen sueldo, ama los colores del club, de su tierna infancia, decidió acudir en su auxilio, cuando si sólo hubiera hecho cálculos de fría estrategia, buscando lo mejor para su futura carrera como entrenador, lo más aconsejable hubiera sido esperar a que escampe, o al menos no meterse en este barco, a punto de naufragar, con una marejada tan embravecida. Y en cuanto al otro mercenario, bueno ya sabemos que su mole rocosa de grandes muslos, nunca tuvo una cintura de avispa para saber rectificar ante un dribling, pero, oye, el tío ha estado ahí, dando la cara, mientras iba recibiendo hostias por todos lados. Me dirás, con inquina contra él, «ya, ya, pero se ha embolsado un buen fondo de pensiones». Pues eso sí, pero si quería salir de aquí dando gran pelotazo como entrenador milagro lo tiene claro. Porque como entrenador ha demostrado ser tan inepto como Zidane pero sin su Baraka. Y a él, no le perdonas ninguna de sus carencias, y en su salida no le homenajeas por aquél golazo de Champions que nos supo a gloria. Sólo le despides con frialdad, diciendo que pir fín se va , y que cómo ibas a desperdiciar tu talento contándonos las mierdas que nos embadurnaron durante su andadura. Y a eso Albert , se le llama sesgo tendencioso y descarado doble rasero. Adorar excesivamente a uno solo y menosprecianar a otro, al que tuviste enfilado desde el principio, esperando la hora de ver cómo rodaba su nórdica cabeza. Solo te ha faltado decirle «cierra la puerta al salir».Es lo que tiene el fanatismo, no se le puede pedir justa ecuanimidad.
    El mismo que en tu, a todas luces, excesiva dependencia de Messi, te lleva a alejarte del espíritu de la fidelidad de Hornby a sus colores de siempre, y su sempiterna Fiebre en la grada, se vaya asemejando cada vez más a un Síndrome de Estocolmo.

  3. admin

    9 noviembre, 2021 at 10:31

    La verdad es que por una vez no estoy levantando la moral de la tropa, sino homenajeando com déu mana. A la pregunta: ¿ya le has perdonado? Mi respuesta es sí. La parte buena es que ya sólo quedan tres capítulos de este adiós. Y el ídolo aún pillará algo de cacho, para consuelo suyo.

  4. Barrendero, al que no se le caen los anillos

    9 noviembre, 2021 at 11:27

    Ya Albert, si yo tu postura la comprendo, ya sé que ese Deu tuyo te lo mana. Crees que de bien nacidos es ser agradecidos. Y ya, punto. Por ahí nada que reprochar.
    En mi comentario, la cagada final de nuestro Leo al dejar a nuestro Barça tirado, a solas con sus deudas y miserias múltiples, cual can desamparado que se abandona en una cuneta como lastre inasumible, la comparé con un penalti decisivo que lanzó a las nubes. Acto seguido, no pude evitar asociarlo con aquél glorioso penal que Ramos disparó a la estratosfera, convirtiendo la pelota en misil hipersónico. Pero claro, comparar a uno con otro, es como equiparar a la capacidad intelectual de Einstein con la de una ameba. Ojo, que no se me ofenda nadie. Es obvio que el símil está referido a sus habilidades con un balón en sus pies. Lo aclaro por si las moscas, que el personal últimamente anda muy desquiciado. Pues bien, me cuesta creer que ese penalti, aunque no fuera su especialidad, sino su talón de Aquiles, y del que podía depender la supervivencia del Club, se le fuera tan lejos de la portería a nuestra Bestia. Y luego, Albert, recordé el titular de éste, tu Séptimo homenaje: » Caiga mi venganza sobre tí». Y no sé si un Espíritu de luz o bien una maldad tenebrosa, no tengo suficiente información para poder juzgarlo, me inspiró este pensamiento: ¿ Y si en ese «error clamoroso» hubo un propósito oculto? , ¿ y si lo falló a posta ?.
    A ver, después del retorcido culebrón del año pasado, que sí, que me quiero ir, que ya lo tengo todo negociado, que me voy, y que al final no me voy, porque se me aplica la cláusula impertinente de un contrato de mierda, y se truncan mis planes…¿No será que después de esa contrariedad se puso en marcha una maquinaria vengativa, con un «el año que viene os váis a enterar», os voy a invertir la movida: os haré creer que me quedo y al final me largaré y os voy a dejar más tiesos que una mojama ?. No afirmo que se tratara de un plan plenamente deliberado por su conciencia, pero lo que sí me consta, es que en los más oscuros recovecos de nuestro inconsciente reptiliano, anidan unos programas tan inteligentes como cabrones. Y el resultado final de la operación, no creo que lo hubiera mejorado un superordenador al que se le presentan los datos y se le pide que elabore la estrategia con la que a los culés pueda dejarnos más jodidos. Con el agravante de que además de quedarnos sin el activo de Messi para refinanciar deudas, ya no tenemos al fatídico e impresentable Bertomeu para poder desahogar nuestra legítima rabia contra su gestión culpable, sino teniendo en la presidencia a otro cuya llegada anhelábamos. O sea un plan perfecto para jodernos bien jodidos. Ni el Mal lo hubiera hecho mejor, de haberlo tramado de antemano…
    Y es que éstas son las dudas, sospechas fundadas o infundadas, y demás fantasmas que se reactivan cuando nos empeñamos en rascar en el pasado, cuando las heridas aún son recientes y siguen abiertas, y nuestro Barça aún no está en condiciones más saludables, dejando atrás las mierdas, para poder recordar y celebrar sólo las grandezas y genialidades de Messi, y lo bonito que fue mientras duró.
    No es cuestión de ir en plan santurrón y decirle a nadie » te perdono todo el daño que me hayas podido hacer, porque yo soy la megabondad personificada». Para poder pasar página de verdad, a una historia con desastroso final, antes tenemos que ser capaces de abrir un nuevo capítulo, al menos tan emocionante como el anterior.
    Último ejemplo, y ya me callo, lo garantizo: imagina Albert, que un tipo decide planear cómo cobrar un millonario seguro de vida fingiendo su propia muerte. Lógicamente cuenta con la complicidad de sus familiares más próximos, beneficiarios de ese capital asegurado. Y para darle mayor credibilidad al asunto, montan una farsa de funeral con una hurna llena de las cenizas de los cigarrillos y canutos que se han fumado la noche anterior. Y tú, que no sabes nada de lo que allí se cuece, te tragas el cuento y como literato «oficial» de la familia, subes al púlpito y, con la mejor de tus intenciones, sueltas tu panegírico, rememorando emocionado, los buenos momentos que pasaste junto al finado. ¿ No sería más sensato asegurarse antes de que el duelo por el ausente tiene sentido, y éste no anda vivito y coleando, moviendo alegremente sus caderas y tomándose una Caipirinha en Fernando de Noronha?

    Postdata: Puedes escribir 3 capítulos más, tropecientos mil, y los que te salgan de la punta del…lápiz. ¡Faltaría más! ¡ Es tu caverna! Por mi parte, nada más que añadir. Puedes tener la certeza de que no te seguiré tocando las pelotas, cual mosca cojonera, en un tema para tí tan sensible como éste.
    Endavant Barça!!!!!!!!

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