El hombre

El Dios del Fútbol (IX): Judas fuimos todos

19 diciembre , 2021

Han pasado cuatro meses desde esa semana de agosto en que muchos de nuestros amigos, cuarentañeros, cínicos y mil veces derrotados, confesaban haber llorado con los sollozos de Messi en su adiós al Barça. La sensació de fracaso colectivo, la mancha de vergüenza y los impulsos homicidas no han sido buenos compañeros a la hora de averiguar qué pasó ahí. Han aflorado, sin embargo, algunas certezas.

  • Sabemos por Laporta que él decidió no renovar a Messi. Así lo explicó: había que tomar una decisión y la tomó. Pero no llegó solo a esa conclusión; no después de hacer de la continuidad de Messi su única promesa de la campaña, de haberse abrazado a un maniquí inerte en un vídeo que ya es historia del barcelonismo.
  • Sabemos que el jugador, en la línea de lo que solía hacer, no perdió oportunidad de lanzar reproches a Laporta por el no fichaje de un pájaro de su agrado en las horas anteriores a la firma, provocando hinchazones arteriales al presidente.
  • Sabemos que los avalistas consideraban una insensatez esa renovación e hicieron toda la presión posible sobre el presidente para que recapacitara, amenazando incluso con retirarse.
  • Sabemos que toda la cúpula económica del club tenía clarísimo que Messi no podía renovar desde meses atrás.

Vayamos ahora a las partes menos conocidas de la historia. Como por ejemplo: ¿qué pensaba el vestuario del asunto? Simple y llanamente, que Messi debía irse. La más larga explosión de fútbol jamás vista comportó también que La Bestia ejerciera un control total de lo que se hacía y decía en el vestuario. Es sabido que nada hay peor en el mundo del deporte que un veterano y como tal ejerció Messi. Diferentes testigos acreditan que en los últimos años el vestuario del Barça era «un lugar triste», donde el nivel de pánico y paranoia llegaban al punto de que cuando aparecía un futbolista nuevo nadie se atrevía a saludarle o a hacerlo de forma entusiasta hasta que el diez lo hacía. Era así como sabían si era de su agrado y evitaban meterse en líos. Y un vestuario triste y acongojado nunca ha ganado nada, y seguramente nunca lo hará.

Ah, pero atención. Los capitanes. ¿Cómo vivieron ellos el psicodrama? Pues cuentan en el Camp Nou que Laporta se reunió en privado con ellos en Austria, durante el stage, para comunicarles la buena nueva: Messi se iba. Y Busquets, Sergi Roberto, Jordi Alba y Piqué, con sus distintas relaciones de proximidad al Rey Sol, con enormes sumas de dinero ganado en primas que debían a La Bestia Parda, con contratos que en muchos casos debían a Messi, tuvieron una respuesta unánime: el silencio.

Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: ‘Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis’

Posiblemente dos cosas se les cruzaron por la cabeza. La primera, que nada amenazaba tanto sus propios contratos como la continuidad del mejor jugador de la galaxia. La segunda, que habían vivido demasiado tiempo en un régimen jodido, y que tal vez era el momento de abrir persianas, encender la calefacción y comprar un geranio para el raconet del vestuario. Sabían que para dar un salto de nivel -eran ya dos años seguidos sin ganar la Liga y cinco sin oler una final de Champions– había que apostar por el colectivo. Exactamente lo mismo pensaban en el club, desde Alemany hasta la última grieta del estadio.

¿Había alguien que prefiriese la continuidad del genio?

Sí: la afición, con retromóngueres como el que les escribe. Nuestra tesis, es sabido, es que el club vivió 120 años y vivirá otros muchos siglos, pero que Messi sólo hay uno, y que le queríamos nuestro y sólo nuestro del primer al último día. Eso queríamos, alargar nuestro pacto con el diablo. Si cualquier otro presidente nos hubiera arrebatado ese privilegio, se habría desencadenado una sangrienta toma de la Bastilla en Aristides Maillol. Pero del mismo modo que sólo un gobierno de derechas podía acabar con la mili obligatoria, sólo Laporta podía tocar el botón nuclear sin quedar calcinado.

Una cuestión peluda queda pendiente. ¿Pudo Messi hacer más para seguir? Es opinable: habría sido como pedirle a Jordan que se dejara humillar por un rookie sin tomar represalias, como pedirle a Ali que cerrara la boca. El futbolista total que semana tras semana, en Huesca, en Coruña, en Sevilla o en el Bernabéu arrasaba con todo se forjó sobre un talento único y una competitividad de androide, psicopática, antinatural. La Bestia Parda reconoció en una entrevista que sabía exactamente cuánto dinero tenía y dónde. La Bestia Parda, que se levanta por las mañanas conociendo la distancia en títulos que le saca Alves y los millones de euros que cobran sus compañeros de profesión -y posiblemente otros deportistas de otras disciplinas-, no nació para Gandhi, sino para Gengis Kan. Messi no habría aceptado nada que no fuera cobrar como el mejor, porque eso exactamente es.

Y con este fresco renacentista, ante nuestro nefasto reflejo en el espejo, volvamos ahora a buscar a Judas y a preguntarnos quién vendió al Dios del Fútbol. ¿Fue el propio futbolista, incapaz de hacer un gesto con el club que le dio lo que los humanos nunca soñarán? ¿Fue el postrero presidente, que vendió tot anirà bé cuando nos dirigíamos al iceberg? ¿Olvidaremos el lustro de la infamia de Bartomeu, @Fiscalía, que arruinó al club entre aplausos de la Barcelona Cayetana? ¿Fueron los entrenadores que se plegaron a su poder, Ponélo a Cou, que tiene gol, que se escuchó en Anfield? ¿Los compañeros de equipo, que asumieron como inevitable que su lugar de trabajo fuera un aterrador Gran Hermano, y que con escasísimas y germanas excepciones nunca opusieron objeción alguna a ese poder omnímodo del astro? ¿O igual fue la afición -siempre supimos que algo iba mal, aunque fingimos ignorar el precio de tanta grandeza-?

Estimados, todos salimos en esa foto, y cada uno de nosotros tiene en el cajón dels calçotets una monedita de plata. Fue el bajísimo precio que pagamos por vivir desde la primera fila, subidos a la misma chepa de Aquiles, la epopeya de la caída de Troya, la historia del mejor de siempre.

2 Comentarios

  1. Luke el tronc

    19 diciembre, 2021 at 23:45

    Ojala nico y gavi sean los mejores del mundo, pero te aseguro que el barça jamas será a ser ni de cerca lo q era. nadie vendrá de viaje desde lejos para verlos. Nadie trajo tanta magia y por ende tanto negócio y rentabilidad. Es un debacle infinito y el barça del alto nivel está muerto y volverá a ser el azarón de quizas sacar alguna champions a cada 50 años.

  2. Culé zombie

    20 diciembre, 2021 at 13:08

    Pues haber empezado por ahí Albert, intentando explicar porqué Messi dejó de ser jugador del Barça, antes de lanzarte a la piscina con esa ristra de homenajes tan inoportunos con sabor amargo. Cuando los culés estamos con el agua al cuello, lo que urge es afrontar nuestra situación, sobrevivir al naufragio, echarle huevos, como hace Xavi, descender de las glorias pasadas al barro actual, y con los pies en ese sucio y triste suelo, con inteligencia estratégica, buscar cómo potenciar las ganas y el talento con el que ahora se cuenta, remontar, y esperar tiempos mejores. Pero obviamente no estamos para tirar cohetes ni celebrar homenajes.
    Y en tu intento aclaratorio, como no podía ser de otra forma, te sitúas con claridad en tu posición de abogado defensor de la Bestia. Que si la coyuntura, que si la Liga, que si las intrigas del capo florentino, que si las presiones de los avalistas, que si Laporta convertido en doble agente en esa guerra fría a punto de incinerar a tot hom, nuñista o cruyffista , que si las tensiones del vestuario hacían que se pudiera cortar el aire que allí respiraban con un cuchillo de carnicero…Bla bla bla. Deliberadamente ignoras la razón más potente que podía haber desvanecido de un plumazo todas esas sombras anenazantes: a Messi no le dió la real gana de seguir en el Barça y prefirió seguir añadiendo contratos jugosos y trofeos en sus vitrinas particulares. Si alguien que tenía tanto poder en el Club, con el apoyo fanático, unánime e incondicional de toda la afición, con la dictadura férrea que como reconoces, con todo lujo de detalles, ejercía sobre todo lo que se movía en el vestuario, hasta extremos de dominio psicológico que harían palidecer la omertá de cualquier padrino siciliano, con la intratable posición dominante que tenía frente a cualquier junta directiva que jamás le negaría reconocer que el principal activo de este Club, para atraer esponsors o refinanciar deudas, era contar en sus filas con el mejor y más mediático jugador del mundo, y en definitiva, liderando una «manada futbolística» que en su jerarquía fáctica, no escrita en ningún papel mercantil, le reconocía como el PUTO AMO de todo el cotarro blaugrana, si alguien con semejante poder se largó del Barça, la respuesta es clarísima y unívoca: porque no quiso quedarse y prefirió largarse.
    De haberlo querido, a la reunión fatídica con Laporta, Leo hubiera acudido con estas palabras: » Mira presi, ya sé que los de la liga y sus compinches nos están tocando las pelotas y nos lo están poniendo muy jodido, pero yo de aquí no me muevo. Yo le he dado muchísimo al Barça, pero también me ha permitido ser todo lo que he llegado a ser. Así es que, déjate de milongas que yo me quiero retirar en este Club de toda mi vida y salir por la puerta grande aclamado por mi afición. Porque lo que he vivido en esta Casa desde pequeño es algo demasiado grande como para envenenarlo y mandarlo a tomar por saco por un contratillo de mierda.
    Así que tus abogados y los míos se pongan a trabajar ya mismo para encontrar una fórmula. Me la suda si con pagos diferidos, si tienes que hablar con Goldman Sachs o con el Tío Gilito, pero arréglalo que yo de aquí no me voy.»
    Eso habría hecho alguien que quisiera de verdad al Club de su vida. Pero si en vez de eso, viene a esa reunión decisiva con un » la cosa se está poniendo fea, o sea que si no puedes ofrecerme lo que pido que sepas presi que mi papá ya ha negociado una oferta en firme con el PSG, y a ese magnate ya sabes que le sale la pasta por las orejas…», pues evidentemente el resultado inevitable acabaría siendo el que fue. Y por supuesto que Messi puede hacer con su vida lo que le plazca, faltaría más. No es de eso de lo que hablamos, sino de la sinceridad de sus lágrimas al despedirse de nosotros. Por mucho que engatusaran a muchos cuarentones cínicos, por otro lado fáciles de ablandar a partir de cierta edad, esas lágrimas no se corresponden con el acto de dejar a este Club en el peor de sus momentos y cuando más le necesitaba, cual colilla mal apagada, y pisoteada para que termine de apagarse, evitando cualquier resurgir posterior de su fuego . Obras son amores y no buenas razones.
    Sin embargo tu relato cavernícola de estos hechos, le da la vuelta a la tortilla y se retuerce por complicados vericuetos, con tal de mantener a la sobrehumana Bestia en su idolatrado pedestal. Y a ver, Albert, no confundamos las cosas. Que no estamos discutiendo sobre la sapiencia futbolística del inigualable Crack, sino sobre su comportamiento fuera del Campo. Y francamente no comprendo porqué te empeñas en sentirte obligado a divinizarlo, si nada tiene que ver con sus geniales diabluras con el balón. Y más cuando para justificar y seguir encumbrando su decisión, debes emparentarlo con Henghis Khan o con Aníbal, ¡ qué otra cosa puede hacer quien nació para arrollar, invadir y someter a quien se le pusiera por delante! y para exculparle a El debes culpabilizar a todos y cada uno de los culés, pues cada uno con su monedita de plata, componemos todos juntos el rostro del miserable y rastrero Judas Traidor. Acabáramos. O sea que ya podemos empezar a autoflagelarnos y a emprender como penitentes un urgente peregrinaje a Santiago, buscando la indulgencia antes de que el Mal que nos hizo actuar así, nos posea y se perpetúe en nuestro ser. Aunque no será fácil la mediación del Apóstol, pues nuestro pecado contra la Deidad Suprema podrìa entrar en la categoría de ofensa contra el Espíritu Santo, que por mucho que te arrodilles y tortures, se declara imperdonable. En fin, te has pasado no veinte pueblos, lo siguiente. Sinceramente, si te paras a reflexionar sobre lo que has escrito ¿ no sospechas que de continuar por estos derroteros, tu a todas luces excesiva adoración por tan Bestial divinidad, te podría llegar a arrastrar a una peliaguda enajenación mental? Aunque, donde lo bordas es al sugerir que los cuestionamientos, sospechas o negaciones infieles sobre el comportamiento de Messi al decidir abandonarnos, se apoyan en pulsiones depredadoras homicidas. No sé si en tu afán como abogado de un único defendido has despertado tus peores instintos como fiscal acusador de muchos otros, o tal vez estés descubriendo tardías vocaciones de inquisidor Torquemada, amenazando con la hoguera de la infamia a quienes osan dudar de tus sacrosantos dogmas messiánicos…que sabe naide sobre lo que se cuece en nuestro complejísimo entramado neuronal.
    Lo que sí te puedo asegurar es que no podrás contar con mi devoción y complicidad en tan aberrante religión. Ojalá que tu talento literario te permita reinventarte en tu Caverna, y llegues a recuperar tu pasión blaugrana sin Messi. Chapa final: El futuro no es un paquete completo, pues visto así parece un muro de hormigón infranqueable, que amenaza con aplastar cualquier presente, sino que hay que ir escribiéndolo pasito a pasito. Caminante no hay camino, se hace camino al andar…
    Cuídate brother. Feliz navidad.

You must be logged in to post a comment Login