Champions

Memento

13 septiembre , 2022

Si hay suerte, se quedarán con el resultado. Si hay aún más suerte, nos quedaremos con el 2-0.

Por algun accidente neurológico incomprensible, el Bayern lleva un tiempos instalado en el 2-8, asumiendo que el Barça es Os Belenenses. Si hay suerte, no se irán a dormir haciendo un recuento de ocasiones, sino con la rutina de derrotar, una vez más, al Barça.

Acompañará su satisfacción de martes noche un chaval insomne que pasará el tedio aeroportuario, el vuelo, la llegada a casa, la madrugada, lo que queda de semana, pensando en las dos que tuvo. No eran más difíciles que las de Lewandowski, pero no vayan a pedirle al robot que se coma la cabeza, los robots no funcionan así. Será Pedri quien maldiga su estirpe y su sangre, su increíble parecido con Iniesta, sus dos putas ocasiones falladas. Posiblemente Pedri descubrirá esta misma noche sentimientos poco edificantes en su pecho, sentimientos que complican la convivencia, sentimientos que acercan las Champions.

Si hay suerte, el 2-0 será visto como los 3-0 de no hace tanto y en sus bávaras cabezas permanecerá en ese error que es mirarnos desde arriba. Los cinco grandes del continente (ese horror del pragmatismo que es La Banda, el City, el Liverpool, el Bayern de esta noche y presumiblemente el PSG) seguirán sin levantar una ceja al oír las sílabas Bar-ça.

Con algo de suerte, no atenderán al partido y dirán aquello de «aún están verdes». El primer mal partido de Raphinha les ayudará a decirlo, la cotidianidad del horror Dembéliano les convencerá.

Pero nos queda el consuelo del espejo, el placer de reconocernos en él, con todas nuestras miserias: no saber defender a balón parado, desconectar siete minutos fatales, tener tanto talento que parece imposible reventar la red. Pero el memento también consiste en ir a los campos y sembrar el pánico. En mirar las estadísticas y decir ‘pues ya era esto’.

Guárdenme el secreto. Ojalá todos se queden con el resultado, ¡shhhhh!.

Hemos vuelto. Y con el juego,  todo lo demás. Empezando por la convicción, el orgullo y el ‘OK, nos vemos en casa’.

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