Champions

Rotundo fracaso y loca histeria

13 octubre , 2022

En nada ayudará el autoengaño. El fracaso es mayúsculo y la cagada, con esta plantilla, histórica. En pleno octubre, cuando aún nos dura el moreno, ya sabemos que un año más viviremos la humillación de escuchar el himno de la Europa League los jueves, donde sólo podemos perder, porque el título es una obligación y la mínima disculpa que merecemos. Para hacerlo más sangrante: un año atrás nos echó el Benfica y teníamos a Koeman y Luuk de Jong, este año, 200 millones mediante, Xavi tenía un equipazo donde había estrellas hasta en el banquillo. Nuestra vida es breve y es otra Champions, todo un mundo de infartos y felicidad, la que se nos ha escapado entre los dedos.

Ocurre que esto era fútbol, donde no hay dios más formidable que la Fortuna, y que ante los dos duelos decisivos se lesionaron uno, dos y tres defensas, propiciando que el Pensionista Deluxe de la Bonanova se viera en el once. Era difícil perder a Araujo, a Koundé y a Christensen sin pagar un alto precio por ello. Si a eso le añadimos las desgracias del partido de ida, en la que fue una noche gloriosa para los convencidos de que el VAR es la peor mierda del planeta fútbol, poco quedaba por hacer.

Nosotros, que hemos vivido 123 años resistiendo a Franco, al nuñismo, a Arturo Vidal y al covid, deberíamos asumir con cierta naturalidad y decencia la derrota. Es fútbol, y se puede perder sin que tu masa social se convierta en un kraken puesto de anfetaminas y sediento de sangre humana. Hagamos memoria: estos ojitos nuestros han visto al Barça de Cruyff, a un Barça campeón de Europa, palmar tristemente tras dos partidos tontos ante unos rusos random. Estos ojitos nuestros han visto al mejor Barça de la historia caer contra el Inter, en otra de esas veces en que la suerte y los demonios de todo pelaje se conjuran contra uno. Ya sabemos que negar el Imperio de la Potra es absurdo.

Hay otros asuntos que también deberíamos tener interiorizados: ¿Qué clase de mierda es ésa de dar cuerda a los tifos guiados por el orco Azog con una legión de uruk-hais? ¿No hemos aprendido que los climas de locura colectiva y de Lluís Canut us parla des de l’infern turc de l’Ali Sami Yen acarrean desgracias? ¿Qué mierda es ésa, de dónde sale esto de que los Boixos lideren nada? Somos el Barça. Somos el Barça, por el amor de dios.

Pero tras la chifladura que precedió al partido, la resaca del desastre está siendo peor: una National Rifle Association nostrada ha alzado las antorchas y pide la cabeza de Xavi ante la incapacidad para digerir la impensable realidad de que en Europa se puede perder. ¿Cuáles son los pecados de Xavi? Les cuento: en primer lugar, haber sido un hombre de Víctor Font, lastre que arrastrará ya para siempre, como a Ronaldinho le penalizó ser la apuesta de Sandro frente al laportista Eto’o. En segundo lugar, ay, esos pantalones, ay, ese peinado. No, Xavi no es agraciado y queda demasiado lejos del apolíneo Guardiola. A la guillotina con él, puto feo. (Sí es cierto, digámoslo todo, que no le recordamos a Guardiola el mal gusto de haber apostado jamás por un elemento infecto del nivel de Dembélé como bandera del proyecto).

Por último, se dice que bajo su gobierno el equipo no juega una puta mierda. Sí, llevamos cuatro partidos cutres tras un gran inicio, pero tal vez convenga recordar que desde antes que Ramallets fuera juvenil los parones de selecciones y los autobuses de nueve tíos se nos han atravesado. Xavi tiene una plantilla extraordinaria, cierto, pero le sigue faltando un volante de talento (ni Gavi ni De Jong alcanzan; curiosamente Gavi y De Jong tienen en el físico su principal virtud y, vaya por dónde, tampoco son fieles a la tradición de lo que nos ha funcionado para llegar a lo más alto). Con todo, el Barça tiró a puerta 25 veces. Y sí, la defensa fue un desastre, y sí, hubo precipitación. Mil veces vimos eso, jamás enloquecimos de este modo.

Uno se inclina por creer que nuestra NRA tiene problemas con el principio de realidad y que reacciona con iracundo pit y collons y cagon déu y desperta ferro cada vez que las cosas no salen como habríamos querido. En esa circunstancia, y tras aplicarse terribles golpetazos en sus imponentes tórax, se transfiguran en los del Un dia de partit / em vaig enfarlopar. Y miren, uno tiene hijos y créanme, estos asuntos hay que trabajarlos desde pequeñitos y a veces ni galleta, ni Super Patrulla Canina, ni echar a un entrenador por palmar con el Inter con toda la desgracia del mundo.

Calmémonos. Seguimos siendo el Barça y en nuestra identidad más profunda, en nuestra partícula cero del fútbol que nos es propio, aparece el tío de los pantalones blancos, el pelopincho, las facciones poco agraciadas, el de la cargolada y el pase al agujero y el del agredir con balón, el maestro del ritmo y de los espacios. Xavi es el camino y en este año en que la Liga era el reto porque andábamos verdes para la Champions conviene tener calma y ser el Barça. Quizá, de paso, el viacrucis y el escarnio de la Europalí nos ayuden a acabar de sacar la pus de podredumbre que dejó Barto en los despacho, en forma de indemnizaciones y bajas, en forma también de memoria y rencor.

Somos el Barça y entendemos lo que es un fracaso. Pero por favor, Boixos y NRA abstenerse, que tampoco era buena idea fulminar a Guardiola por palmar en Soria y empatar con el Racing en septiembre de 2008. Los que creen en la locura y la violencia y le intimidación verbal ciertamente han encontrado en el fútbol su hogar. Pero al Barça nunca le funcionó tal cosa. Dejen de gritar y apaguen las antorchas: estamos de luto y nuestro luto es cosa seria.

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